Análisis: Prince of Persia

Nuevo Protagonista, Nuevo Estilo
Comienza seco el nuevo Prince of Persia. Tras un prólogo de unos segundos confuso y descontextualizado, rápidamente se nos pone en situación al más puro estilo película de aventuras de los 80.

En apenas unos minutos se nos presenta al héroe de la función caminando sólo y desorientado por el desierto. Sólo hacen falta unas pinceladas rápidas para darse cuenta de que este Príncipe poco tiene que ver con los anteriores, y es que esta vez parece más un Han Solo –caradura y chulo, pero irresistiblemente simpático, divertido y cautivador- que un miembro de la realeza.

La que verdaderamente se presenta como princesa de esta función es la joven y bella Elika, con la que nuestro arquetípico protagonista chocará (literalmente) por casualidad. Huyendo junto a ella de la guardia real de su padre nos veremos inmersos en un escape que al comienzo no entenderemos, pero que pronto cobrará sentido.

Elika y el Príncipe se refugiarán en el enorme Árbol de la Vida, y presenciarán la huida de su prisión de Ahriman un malvado dios que se escondía en su interior. La liberación de esta fuerza mística causará en este mágico reino la dispersión de La Corrupción, y será tarea de nuestros dos protagonistas la de restaurar el orden en las cuatro zonas de ese mundo y devolver al dios a su celda.

Por el camino profundizaremos en esta historia de amor soterrado que hay entre los dos héroes. Este nexo de unión enriquece muchísimo la campaña del título, puesto que no tenemos que caminar en solitario como antaño. La princesa está dotada de una conversación agradable, y en seguida sintonizaremos con su mezcla de melancólica fragilidad y devastador poder mágico.

La campaña se prolonga durante algo más de 10 horas según nuestra habilidad, y en todo momento nos narra con habilidad y con ciertas dosis de libertad este imposible cuento de hadas al más puro estilo de Las Mil y una Noches. En esta ocasión hay un cierto sentido de la libertad en el desarrollo, puesto que contamos con una zona a modo de “centro de operaciones”, y desde ahí viajamos a las diferentes partes del reino en el orden que deseemos, ya sea empleando el viaje rápido o llegando por nuestro propio pie. Esta zona está acertadamente situada a los pies del Árbol de la Vida, y presenta un aspecto como el del propio árbol, con cuatro ramificaciones en las que se dividen los niveles.

¿Qué ha cambiado en el nuevo Prince of Persia? Pues todo y nada al mismo tiempo. Por un lado es obvio que estamos ante un juego de la saga, puesto que se respetan escrupulosamente todos los elementos reconocibles de ésta; sin embargo al mismo tiempo se introducen abundantes matices de nuevo cuño que le dan al programa una sensación de soplo de aire fresco muy agradable. Pero vayamos por partes…

Hazār-o yak shab
En primer lugar para hablar de la jugabilidad hay que destacar que el videojuego acusa una severa “casualización” que irritará a algunos, pero que sin duda atraerá a la saga a mucha más gente.

El nivel de dificultad se ha reducido muchísimo con respecto a entregas anteriores, los combates han sido fuertemente simplificados, y también se ha difuminado todo lo referente al factor de la exploración. ¿Qué nos queda entonces? Pues un juego de plataformas más puro que la trilogía de las Arenas del Tiempo, y un lanzamiento de muchos quilates.

De nuevo Prince of Persia, para quien no lo conozca, es un juego de aventuras en tercera persona donde se maneja la cámara, y en el que se alternan los combates con la exploración y el obvio componente de plataformas que es santo y seña de la franquicia. La versión que nos ocupa es la de Pc, con la consiguiente presencia de teclado y ratón como opción jugable; sin embargo como siempre en estos casos la experiencia nos obliga a recomendar el pad como opción de manejo más precisa y cómoda.

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